El
conocimiento es poder. Nuestra única arma contra la realidad hostil que nos
rodea, como si fuera un yelmo de protección, una coraza que nos recubre, para
algunos el cobijo más grande que podría existir. A fin de cuentas, una idea
falsa que tenemos de nuestra Psique protegida, sería una excentricidad
concebirla una fortaleza invulnerable.
Era el momento justo de entregarse en alma y
cuerpo, la pasión desenfrenada recorriendo las entrañas de mi más puro deseo
carnal. Diferenciada notablemente del pensamiento lascivo que habitualmente
motivaba mi deseo en otros momentos de mi vida, esa vez me sentía completamente
segado por las vendas del amor podría describirme como: “Un pequeño e iluso
niño”, que se encontraba con el alma al descubierto, cada vez me acercaban más
a un incierto destino.
Hasta
la fortaleza más grande es vulnerable sino podrían preguntárselo al bello
caballo de Troya que entro por las puertas principales de la ciudad enviado en
calidad de un regalo esperado al cual se le dio un puesto inmediatamente dentro
del reino.
La verdad nos concebía como dos almas jóvenes
al desnudo, tendría la certeza de afirmarlo de esa manera con la duda y el
miedo a ilusamente haberme equivocado, producto de la carencia de malicia.
Me encontraba en una situación imposible de
detener, a pesar del miedo y la incertidumbre, con valentía me apersone de mis
sentidos, al empezar a sentirme seducido, en primera estancia por los placeres
banales que se acercaban a mi ventana con la realidad.
Previamente su intelecto me tenía ensimismado,
debería decir que era lo suficiente, para que mi uso de razón se pusiera a
favor de la irracional pasión que emergía de lo más profundo de mi alma. Un
dolor en el pecho que sentía cada vez que su cuerpo se aproximaba, su piel me
incitaba a probar de la manzana.
Curiosamente
siempre existe algo que esperamos de esta realidad y de manera espontánea esto
podría llegar a nuestras vidas. Puede emerger la sensibilidad al igual que en
aquella ocasión, tomando así la pasión el papel protagónico de nuestra obra.
Un fruto
peculiar brotaba entre las raíces que como enredaderas iban cada vez más
apropiándose de la poca cordura que se alojaba aun dentro de mí. Atrapándome en
un paraíso, me sentía en el mejor lugar del mundo. Una experiencia única e
irreemplazable, era mi primer sorbo al cáliz del amor, que eternamente dejaría
sedienta a mi persona.
Ese vínculo de lo emocionante y lo prohibido, nuestra mente llena
de conexiones con cantidades de impulsos a alta velocidad que lideran nuestro
panorama anímico. Aquella emoción que provoca un desborde de impulsividad la
cual nos dirige a una especie de mundo utópico, una entrada directa al Nirvana
sensorial. Un lugar en donde tomamos acciones cargadas de valía, una vivida
proyección de atrevimientos forjados en nuestros más puros deseos.
Al
perpetuarse un encuentro de esta índole se sentía como las diferentes
realidades se confrontaban en una misma situación. Podría describirse como dos
mundos diferentes, pero era claro que su condición humana los vinculaba a pesar
de las ocurrencias, un deseo inherente a su pensamiento imperaba y lo impulsaba
a sobreponerse todo el tiempo ante las adversidades, el simple hecho de
batallar por mantenerse ahí junto al amor, era todo lo que alimentaba su
disposición, pero claramente era necesario, para que fuera de manera
satisfactoria, la unión en alma y piel.
El fruto del jardín ajeno. esa tentación
usada como fuerza motriz de nuestros deseos, la dichosa penitencia de
discordia, se somete al deseo y la necesidad de posesión del tan anhelado fruto
ajeno. Así como Adán mordió la manzana podría convertirse esta historia en una
Oda a la virilidad.
Era suyo aquel
fruto prohibido que se erigía debajo de su mandíbula. Era de su posesión, palpitante
deseo inundaba mis sentidos, queriendo fuertemente desde lo más profundo de mi
ser, probar aquella delicia, rozar mis labios lentamente por ella, acariciar su
levantamiento repetidas veces hasta aumentar nuestra respiración.
Palpitante fruto jugoso y deseado, .Oh manzana de Adán que portas en ti misma la lujuria y placer, todo el conocimiento de lo ajeno se esconde en tu interior, eres el principio del deseo, emisaria y regalo de los dioses, portas la saciedad de las sensaciones. Acercándome cada vez mas a ti escuchaba como tus palpitaciones vibrantes me llamaban al roce constante de nuestro fruto viril angulaciones cada vez mas vibrantes como un juego de cisnes y el sabor dulce que recorría nuestra piel, dulce néctar, sabia del deseo emanada por los poros en aumento con la temperatura corporal.
De un mordisco al conocimiento absoluto, la saciedad de sensaciones como ultimo fin una entrada directa a tu jardín pequeño príncipe verde. En los jardines de su reino solo se cultivaban manzanas
verdes causa de fuerza mayor que le impedía arriesgase a dar un
mordisco a sus frutos, rogaba este a gritos que recuperara la cordura, mientras a su
parecer deseaba intensamente que no se apartase.
El apego mutuo no les permitía separarse a
ambos, a pesar que el príncipe verde era consciente de su destino, procuro apartarse.
Algunos dicen por ahí que los hombres están hechos de coraje, una fuerza que va
movida por la mano del amor. Promueve la necesidad de superarse y alzarse sus sueños ante
cualquier miedo y circunstancia desfavorable, pero claramente nuestro uso de razón siempre nos cuida de no salir quemados, al jugar con fuego.
La manzana llego a sus manos, pero sus
labios jamás la probaron, un juicio de moral ante una falacia hizo caer la
venda que cubría sus ojos, y a pesar de estar consciente del color de la
manzana que poseía en sus manos su rechazo fue por diversas razones ajenas a la
pigmentación de susodicha fruta, apartándose y cayendo de la ventana al
despertar se preguntó siempre a si mismo si todo aquello fue real....